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N O T A S D E I N T E R E S
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FAMILIA PESOA: RADIOTEATRO CON RISAS Y APLAUSOS. Por María Mercedes Di Benedetto.
Los sábados de 9 a 13 hs por AM 1030 Radio del Plata, en su programa Familia
Pesoa, el conductor Quique Pesoa y su equipo se lanzan al desafío de hacer
radioteatro en clave de comedia en el auditorio donde realiza su programa
frente al público. En esta nota, su guionista cuenta la experiencia de
recuperar la magia del radioteatro en un momento en que “los oyentes piden la
vuelta del género”.
Lo escuché por radio. Después lo vi en la pantalla del televisor, conduciendo esos programas de archivos (Cien Años, Doble Clic) tan llenos de su toque personal. Más tarde me lo crucé en un pasillo de radio Belgrano en tiempos de Migré y su “Permiso para Imaginar”, y aproveché para decirle que yo grababa en VHS sus programas y muchas veces los llevaba a las escuelas y talleres donde daba clase, como parte del material ilustrativo.
Cuando estaba terminando de armar mi libro sobre la historia del radioteatro nacional, pensé que entre esas páginas debía figurar su testimonio, porque Alberto Migré lo había convocado para ser la voz del Relator en su ciclo de radioteatro, y seguramente su paso por el género resultaría una experiencia interesante para compartir con los lectores.
Le escribí un correo electrónico. Desde San Marcos Sierras, Quique Pesoa contestó y finalmente su evocación fue parte del libro. Cuando quise acordar, el desafío ya estaba planteado: escribir una ficción radial de entre diez y quince minutos, en la que los intérpretes fuesen justamente los integrantes de su staff: columnistas, productores, todos. Hasta Buscapolo, la mascota de la planta transmisora.
“Familia Pesoa” sale al aire cada sábado de 9 a 13 por Del Plata, AM 1030. No desde los estudios de la emisora, sino desde el Paseo La Plaza, y una vez por mes hasta invade alguno de esos bares históricos como el Homero Manzi o el Café de los Angelitos.
Respetando el mismo nombre del programa, y viendo que se trataba, además, de una familia numerosa, con tíos y sobrinos incluidos, surgió la imagen de tiempos pasados en aquellas casas llamadas chorizo, con sus muchas habitaciones en hilera y su cocina siempre tibia y abierta para el mate y las confesiones. En ese útero entre filosófico y cotidiano, geografía de hornallas y olor a comida, reina la Tía María (María Iribarren, encargada de la columna de cultura y espectáculos). El jefe de familia, Quique, dedica sus ratos de ocio a la producción artesanal de su vino “Flor de Peludo”, entre otras cosas. La habitación contigua a la cocina aloja a Diego el Gurú (Diego Genoud, a cargo de Política) , un sobrino dado a las runas, al tarot y al calendario maya. Aprovechamos la dúctil voz de Lucila Pesoa en su carácter de locutora para la función de Relatora, amén de participar en la historia como lo que es realmente, la hija de papá Quique.
La familia se incrementa con la llegada de los gemelos Martín (Martín Incolla) y Matías (Matías Di Laura) ambos jóvenes productores que no comparten ningún parentesco en la vida real, y todo el grupo interactúa con los vecinos del barrio Gimenita la Pulposa, interpretada por Gimena García Blanco, productora también, y Mauro (Mauro Saraniti, Coordinación General), personaje sufrido que ante cualquier intento de integrarse a los lazos familiares recibe por toda respuesta, inexorablemente, un lacónico :”No, Mauro. Vos no.”
Completa el elenco un virtual perro Buscapolo, y desde los últimos capítulos se han sumado el operador Sergio Bianchi y Silvia Grevisse (asesora literaria del programa). También hemos tenido como invitado especial en dos capítulos al autor Marcelo Camaño (Vidas Robadas, Televisión X la Identidad, Montecristo) en la piel de un hijo natural de la tía María, que vuelve perturbadoramente del pasado.
Más allá de la típicas situaciones domésticas de un grupo familiar, la historia aparece salpicada de guiños sobre la realidad, o remite con humor a temas tratados seriamente en el resto del programa, como la contaminación ambiental, la gripe A o las elecciones del pasado mes de junio. Preferimos no quedarnos en el costumbrismo solamente, sino abordar otras formas y transitar el suspenso, la sátira y por qué no, la ciencia ficción (por ejemplo, cuando Mauro y el perro Buscapolo son alcanzados por una descarga radiactiva en una noche de tormenta y se produce un intercambio de identidades).
La sensación, compartida también por el conductor del programa, es que el espacio dedicado a este radioteatro en clave de comedia ha ido creciendo, venciendo obstáculos técnicos y actorales, alentado por la risa del público presente y por los llamados y mails de los oyentes que apoyan la vuelta del género al éter. Un movimiento que empuja y entusiasma y que pide más : quizá la participación de actrices y actores como invitados, tal vez capítulos de mayor duración, tal vez encarar un proyecto más ambicioso..que incluya un sonidista de sala, al estilo de aquellos Catalán que hoy no están pero cuya batería de aparatos y recursos pobló de sonidos la imaginación de los oyentes durante muchas décadas . Actualmente, la mayoría de los efectos son disparados desde la laptop por el propio Pesoa, quien además, claro, actúa y marca los tiempos de las entradas al resto de los personajes, algo así como el hombre orquesta.
“Familia Pesoa”, el radioteatro, se hace en vivo, sin red, a la vieja usanza, lo que tiene sus riesgos pero también gana en frescura. Lleva más de dos meses en el aire; quizá todavía esté carreteando, pero se esfuerza por enderezar la nariz para levantar vuelo.
Ojalá esta ficción (cuya apertura homenajea la de otra familia radial, los Pérez García) se sume a al concierto de otras historias que sabemos serán bien recibidas por los oyentes. Y que los directivos de las emisoras entiendan por fin que la radio sin ficción no está completa, y que, al decir del autor Marcelo Camaño, el cuentito en el éter sigue siendo necesario...
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