|
N O T A S D E I N T E R E S
|
“ME SATURÉ DE DECIR HUEVADAS TODO EL TIEMPO” Entrevista a Lalo Mir, locutor y periodista.
Innovó en la FM con RADIO BANGKOK, se animó a más con ANIMAL DE RADIO. Su vida profesional estuvo entre la AM la FM. Actualmente, anima las mañanas de la 100 (FM 99.9), con LALO POR HECHO y conduce LA VIDA ES ARTE por Canal 7. En esta nota, realizada por Alicia Vergili para la Revista DEBATE, extraemos sus reflexiones sobre el decir en radio.
Luego de tantos años de radio, ¿se sigue reinventando o siente que está de vuelta?
- A partir de mi vuelta a la FM recuperé un poco la capacidad de asombro, sobre todo, después de seis años de AM, donde no hay un segundo para nada, ni para ir al baño. Volver al clima de la FM, con música, con espacios, con tiempo, con una cosa más lineal, lo vivo de una manera más tranquila, más sensorial. Si se quiere, ahora siento más empatía que la conexión histérica y continúa de antes. Los cambios son cosas que van sucediendo y yo me voy metiendo en un lado, en el otro. Tampoco sé muy bien por qué lo hago. Una cosa te lleva a la otra. Después de muchos años de FM, me propusieron hacer AM y me encantó la idea, y después pasé a Mitre... y era el prime time, la mañana con todo el informativo, con toda la producción.
¿Fue enloquecedor?
No, fue buenísimo, pero de pronto la vida te lleva para otro lado y hay que decidir. Es como que me voy sorprendiendo solo, pero no es que me reinvente, porque en definitiva uno más o menos es siempre el mismo. Los escritores y los pintores dicen que siempre pintás el mismo cuadro, que siempre escribís el mismo libro. Uno tiene las mismas obsesiones de siempre. Cambia el paquete, el envoltorio y entonces luce diferente, pero en definitiva es más o menos lo mismo.
Usted siempre tuvo una relación con la palabra muy intensa, ¿prefiere este tiempo más tranquilo?
Sí y me viene genial que sea así. Al no estar la histeria que es propia del medio informativo, de la cosa más compleja que es estar update con la noticia, la actualidad y con todo lo que sucede, esto te relaja y te permite sentir diferente. Fluís de otra manera y la verdad no tengo tanto que decir. Estoy harto de que todos digamos todo, todo el tiempo y todos seamos eruditos en todo. Y no sabemos nada, somos patéticos. Cuando hice “Animal de Radio” volví a buscar un guión, un criterio, un buscarle sentido a las cosas, sentía la necesidad de decir algo concreto. Si bien “Animal de radio” tenía una parte jocosa, también tenía mucho de línea filosófica, de bajar conceptos, esto de analizarnos como animales. Luego, con la incursión en la AM y el estar con la información, me saturé de las giladas y de decir huevadas todo el tiempo.
¿Entonces cree en lo guionado, en lo más pensado?
Son épocas. Ahora, de pronto hay un guión de algo y hay otras cosas que son espontáneas y surgen de temas que vamos trabajando día a día con los oyentes. Uno fomenta una relación que es como sentarse a la mesa a comer, y se dan diálogos múltiples de acuerdo con el modo en que vayan pasando los personajes. Pero no hay tampoco un libreto específico. No tengo tantas cosas que decir, ni una opinión formada sobre todo lo que pasa en el país. Sí la tengo para mí, pero no para divulgarla públicamente y para hacerle la cabeza a la gente. Ya hay demasiada desinformación y confusión. Me acuerdo del slogan de La noticia rebelde que decía: “Un aporte más a la confusión general”.
¿Extraña esa forma artesanal de hacer radio en la qué estaban sólo usted y el micrófono?
No. A veces extrañás cosas porque somos humanos, somos melancólicos. Pero yo vivo el hoy, cada vez aprendo más a estar en tiempo presente, en presente continuo, en ando y endo.
¿Lo resuelve solo o va a terapia?
Me dejo llevar. No sé muy bien por qué hago las cosas. Después, más adelante, las pienso y quizás descubro algo. Hace rato que no hago análisis. Ni el pasado ni el futuro me juegan como un lastre. Vivo el presente y está bueno. Después, la cosa te va llevando, primero porque te cansás, y yo me aburro de hacer siempre lo mismo. Me aburro de mí y estoy siempre generando a tal punto que a veces genero mucho y eso es contraproducente, y entonces me digo a mí mismo: “Pará, bajá el acelerador”.
Y por el otro lado, ¿el oyente agradece esta desaceleración?
Es que hay que darle un tiempo a quien juega con nosotros del otro lado, al oyente. La audiencia crece con una curva diferente a la de uno. Es una relación asimétrica ellos te conocen como si fueran de la familia y yo no los conozco. Hay que respetar eso, no histeriquear ni avasallar, e ir cambiando todo el tiempo. Si fuera por mí, haría un programa diferente todos los días, pero no me escucharía nadie.
¿Cómo ve la radio con respecto a los otros medios?
Hay un error conceptual que es eso de medir quién va primero. (…) Vivimos los cambios que vienen, los sociales, los globales, pero en definitiva seguimos discutiendo las mismas boludeces.
En el fondo, una terrible monotonía...
En el día a día hay que poner la creatividad y ahí adolecemos. Yo lo vengo diciendo: el líder de opinión más masivo, el político común (no digo el culto, el avezado, sino la política en general), la corporación del power, todo eso atrasa. La ciencia va más adelante, el arte va más adelante. Mirá esos pibes de la Universidad de Buenos Aires que se van y revolucionan el mundo y acá no encuentran trabajo. (…) Somos un país tan raro, tan egoísta... Pero de a poco iremos mejorando, creciendo.
Es decir que, en definitiva, queda una mirada esperanzada.
Sí, aunque la verdad es que seguimos discutiendo por huevadas y hay dos millones de argentinos que no tienen agua potable. Pero en cinco años, después del desastre que hicieron en el país, que se robaron toda la plata, vuelve a haber un país generoso. Tenemos que dejar de discutir pelotudeces. ¡Atrasamos!. ¿Cuánta gente lee el diario en la Argentina? La televisión es un fenómeno porque no hay que comprarla. Comprás una vez el aparato y ya está. Sin embargo, pienso que la radio es lo que sigue siendo más fiel a sí mismo en el sentido conceptual. La tele, para mí, delira y patina, sobre todo en cuanto a su contenido. Técnicamente sigue siendo una pantallita que vos mirás, pero eso que mirás es lo que otra gente como nosotros, seres humanos de esta bendita sociedad, programa y mete ahí adentro.
Son guiados por una búsqueda de rating, de dinero...
Sí, buscan que los vea más gente. Pero mirá si el criterio de la cultura hubiese sido que yo escribo esta novela porque la va a leer más gente o filmo esta película porque la va a ver más público. Esto de pensar en productos es un concepto de los últimos veinte años. Hay muchas cosas en la Argentina que han dado una vuelta de tuerca y capaz que van a llegar al mundo y van a ocurrir en Estados Unidos y en Europa dentro de cinco o diez años. Esto de que las novelas se hacen con el minuto a minuto es acá, por ejemplo. En Estados Unidos se graban los 26 capítulos de Lost y cuando están terminados se ponen al aire. Después analizan el minuto a minuto y estudian qué pasó. Los productos se hacen artísticamente cerrados. En la Argentina, somos pioneros en la histeria: el programa de mañana lo armás con el de hoy. (…) Pero yo tengo siempre este axioma: la radio es inalámbrica. El sentido de la radio para mí es un tipo en el campo arando o un tipo manejando y escuchando a otro demente que le habla. Es una conexión mágica, sin cables en el medio (…)
¿Para usted hay cierta falta de tolerancia?
Creo que nos falta madurez para escuchar al otro y entender que no piense igual. Basta sólo preguntarnos por qué razón un juez tiene que tomar tantos testimonios. Es porque todos los que vieron un hecho dan un testimonio diferente. Pareciera que los argentinos no entendemos las subjetividades. La mía es la verdad y no hay otra, es nuestra postura.
¿Con qué cosas sueña antes de dormirse? Hablo de sus proyectos personales.
Seguir así unos años más, ese sería el mejor plan de mi vida. Hay un par de cositas dando vueltas que tienen que ver con el mercado cultural. Y luego seguir haciendo radio. Ojalá siga así un buen rato más. Cada tanto viajar un poco y, por sobre todo, disfrutar de mis hijas, que están en pleno crecimiento. Y descansar, rascarme bien el higo en los tiempos libres, este invento moderno. Hay algunas cosas que son como sueños, pero que no vale la pena comentar. Son como luces que se prenden cuando uno se está durmiendo y es mejor dejarlas dormidas, que no ocupen mucho espacio, porque hay que disfrutar del hoy. Pero siempre hay un plan B, y a veces un plan C. No les será tan fácil desprenderse de mí.
NOTA COMPLETA: www.gacemail.com y www.revistadebate.com.ar
|
|
|