|
C U E S T I O N R A D I O
|
|
Las 5 preguntas que ponen a la radio en cuestión.
|
|
Ricardo Haye. “- La radio no puede seguir desnuda de arte.”
Doctor en Comunicación Audiovisual, Docente de la Universidad del Comahue y autor de diversos libros sobre Radio Arte. |
|
1 - ¿Porqué la radio?
Porque no puede seguir andando por ahí desnuda de arte. Porque su sonoridad puede franquearle el acceso a una dimensión estilística más gratificante que aquella en la que naufragan tantas emisoras. Y porque tenemos derecho a la fruición estética y ella puede proveérnosla.
2 - ¿Qué le falta a la radio?
Justamente ese vestuario colorido, sabroso, terso-rugoso y fragante sin el cual se presenta austera y despojada ante la imaginación de su público. Nadie dice que sus carnes no sean voluptuosas y apetecibles, pero la radio es como esas personas a las que una adecuada ornamentación las vuelve, si cabe, aún más irresistiblemente seductoras.
3 - ¿Qué le sobra a la radio?
Presunta realidad, que además se presenta con ínfulas de totalidad.
Aunque pudiera reflejarla a toda ella, sería muy descolorida una radio que prescindiera absolutamente de la fantasía.
4 - ¿Para qué sirve contar historias?
Para erosionar ese tiránico principio de realidad que pretende desterrar las ilusiones, los sueños, las utopías, los delirios. En definitiva, la imaginación.
Para observar la realidad bajo otro prisma.
Para combatir los dogmas.
Para desarrollar la sensibilidad.
Para atreverse a mirar detrás de los espejos.
Para bucear en las profundidades del alma humana, indagando en sus secretos y penetrando en sus zonas oscuras.
Para cautivar la atención de los oyentes con más intensidad.
Para conectar mejor preguntas y respuestas.
Para facilitar la experiencia de la comprensión.
5 - ¿Qué historia le gustaría contar?
Cualquiera de las que presentaba Rod Serling en la Dimensión desconocida, verdaderas obras maestras que desde lo sobrenatural, lo extraño, lo misterioso o lo fantástico, nunca dejaban de escudriñar la vida cotidiana de quienes seguían la serie semanalmente. Es casi la misma circularidad de algún cuento de Cortázar, otro yacimiento de maravillas que bien podría acariciarnos la inteligencia, las sensaciones y las emociones desde las ondas de cualquier radio despabilada.
|
|
|